>RENATO CORASSONE Y EL INICIO DEL NUEVO CICLO

>Llegeixo aquí al blog, el comentari d’un lector anònim que demana si podria escriure els articles en castellà, doncs te uns amics a Salamanca que els pot interessar llegir-me. No es la primera vegada que se’m fa aquest suggeriment. De fet ja ho vaig combinant, també m’agrada escriure en castellà. En tot cas, aprofito per dir que m’agradaria mes participació dels lectors en els comentaris; tant més, quan és pot fer de manera anònima. Em faria sentir menys absurd i no és que m’incomodi sentir-me’n, però tampoc cal tant.
Si a aquests amics de Salamanca els interessa el blog, com hi ha articles en català i castellà entre barrejats, per fer proselitisme del català a Espanya, avui escriuré en castellà. A veure si s’animen a llegir també els que estan en català i així, al final, hi ha manera d’entendre’ns!.

RENATO CORASSONE Y EL INICIO DEL NUEVO CICLO

Al meu bon amic Jesús Garcia
que li toca tibar el carro amb voluntat i força.

Hace unos días escuchaba a una avisada política, que a la pregunta de como veía ella las consecuencias futuras de una determinada medida de gobierno que había tomado, muy impuesta de que en política hay que ser cuco, en su caso imagino que cuca, contestó .- Yo soy política, no me haga hacer de adivina.
Debe ser grotesco estar en el escenario y no saber que papel se representa. Los políticos, si nos llevan a la guerra del Peloponeso, deben prever cuales serán los beneficios de tan sacrificado riesgo. Desde su privilegiada posición, su mayor deuda con el ciudadano es discernir entre lo que es pan para hoy y hambre para mañana o bien la siembra de hoy, será nuestro pan de mañana. A los políticos les necesitamos para que vean más allá del horizonte, fijen objetivos de futuro y nos marquen el camino a seguir; no más. Del presente, ya nos ocupamos nosotros, si ellos nos dejan.

Dicen que al Presidente del Gobierno se le remunera con unos 90.000 € anuales netos y a un Diputado de los de la clac con 40.000 € año más gastos. Con estos sueldos, comparados con lo que ingresa un ciudadano medio en activo, podemos concluir que los españoles no somos nada tacaños con nuestros políticos. Así remunerados, tan por encima de la media, deberíamos esperar mucho más de ellos y exigirles que fueran verdaderos hacedores de futuro y no caminantes con la mirada fija en los zapatos que les confiamos cada 4 años.

Son malos tiempos los que vivimos. Verdaderamente debe ser época de grandes cambios, puesto que son demasiadas cosas las que están fallando y puestas en duda. Hasta al Buen Dios se pone en duda y sin embargo, somos pocos los que cuestionamos al Diablo.

Una generación, la mía, nos amamantamos de L’âge de raison Sartriano, Ginsberg, Kerouac, Camus. Pasamos, casi sin enterarnos y de un salto, de Renato Corassone a los Beatles y con todo este bagaje, llegamos más o menos hasta los Juegos Olímpicos del 92 y a todo estirar, pongamos hasta el 2000. Hoy, no veo cual es la nueva âge de raison, la que debe conducirnos al futuro.
Bien es cierto y no quisiera equivocarme, que hace poco he visto un tenue rayo de luz en un reciente anuncio de El Corte Inglés; he escuchado de nuevo a Renato Corassone, “Il pericolo numero uno…” ¿Puede interpretarse como el inicio del nuevo ciclo?. ¿Nos reiniciamos como los ordenadores, pero ahora con experiencia adquirida?.

Sin embargo, por ahora, al no haber hitos fijados, es difícil reconocer un pensamiento lúcido, así que con demasiada frecuencia se nos cuelan gatos por liebres. Actualmente, como torpeza extrema, lo más próximo que tenemos sería el debate sobre el uso de la burka y el niqab. Podría haberse evitado el debate y legislar por lo más obvio y natural: la seguridad y convivencia social. Por más que cambien los tiempos, la cara sigue siendo el espejo del alma y la información que nos transmite una cara, aun nos es indispensable para nuestra relación y convivencia social. No obstante, se aborda por el lado más espinoso y etéreo, el religioso y racial, lo que nos revela a unos políticos de una cortedad de miras deprimente. Aparte, claro está, de que indocumentados aviesos y un buen surtido de pardillos, nos regalen los oídos con estúpidas teorías religiosas, lecciones sociales de acogida y tolerancia, y demás.
No se qué sucedería si un día decido pasear ostentosamente cerca de un policía, con la cabeza cubierta con una media y una gabardina negra de amplias hechuras. Hombre!, sospechoso si seria, pero tanto como alguien bajo una burka, niqab o con casco de motorista (que de estos hay más que de burkas y niqabs) entrando en una joyería u oficina de la Caixa.
Sí. Debería prohibirse a los motoristas ir con el casco puesto andando por la calle. También debería prohibirseme a mi ir con una media en la cabeza, al igual que ocultarme en público bajo una burka o niqab (¿qué estoy ocultando?. ¿Debo acreditar que soy mujer o también puedo ser atracador o fanático suicida?).
No es la religión lo que debe prohibir o autorizar andar embozado; lo que debe defenderse es nuestra seguridad, confianza en el prójimo y convivencia social.
Por lo que concierne a la hiyab, al chador o la shayla, francamente…con afán inquisidor también podría prohibirse el uso de agujas, pendientes, anillos y aretes, y otros objetos punzantes con los que algunas personas (un suponer), se atraviesan orejas, nariz, boca, lengua, cejas y demás decoraciones artísticas. Es posible que mi sentido de la dignidad humana esté equivocado y ser persona sea otra cosa, pero yo lo percibo como denigrante para el ser humano y como tal, me ofende y lo siento.

Es irritante ver a los políticos tan confundidos, haciendo un derrochador malgasto de la democracia, con insistente falta de imaginación y lucidez. Política, en democracia, significa imaginar, creer, convencer y pactar. Cuando un político pretende hallar su razón a través de los Tribunales, nos dice sin rubor que es incapaz para el acuerdo, exhibe su fracaso, solo compensable con la dimisión.
Hacer política a través de los Tribunales es un malgasto de la democracia que repercute en el pueblo. El ciudadano acaba sintiéndose decepcionado, la mayor de las veces engañado, inútilmente cansado, ajeno y finalmente decidido a no ejercer lo que es la base de la democracia: votar. Y este malgasto, sí debería ser un delito.

El archi aburrido tema del Tribunal Constitucional y el Estatut de Catalunya, pone de manifiesto, una vez más, que salir al escenario sin saber qué papel se representa es grotesco y según que dignidad gaste uno, patético. Imagino que por alguna razón técnica descontrolada, este Tribunal se ha convertido involuntariamente en otro órgano político y se ve haciendo un trabajo no propio. Se le somete a un papel mediador, que confusamente asume para el encaje de intereses políticos, usando medios jurídicos. El acuerdo es imposible porque los margenes de maniobra son muy volátiles. Para el pacto están los políticos, no los jueces.
Una ley Estatal aprobada por la democracia indirecta a través de dos Parlamentos y un Senado español, posteriormente en democracia directa, aprobado por la cúspide de la democracia, el pueblo en plebiscito (Referéndum ), el Tribunal Constitucional, honestamente, debería declararse no competente, puesto que el sistema, por ética y por higiene, no debe permitir jamás, en ningún caso, ir contra una decisión del pueblo. Nuestra democracia no es la del señor Honecker o los hermanos Castro.
En la película “En el limite del amor”, hacia el final, hay una escena que sucede en Escocia. Representa un juicio contra un joven ex capitán, héroe de la II Guerra Mundial. Su culpabilidad es evidente, pero el jurado orgulloso de su héroe, lo declara inocente. En el momento de la sentencia el Juez le dice.- Su pueblo, que es quien le juzga, le ha declarado inocente, pero debo decirle que su acción es totalmente condenable. Le declaro inocente.
Sabia que la democracia no es un valor especulativo.