UNA NOTA DE CAJÓN

Deshaciendo la maleta y colocando las cosas en su sitio, dentro de uno de los cajones del bureau de la habitación del hotel, encontré un papelito de la mitad de una cuartilla doblado en cuatro partes exactas. Lo desdoblé y pude leer un texto escrito con letra clara y contenido críptico; en todo momento me pareció letra femenina, el carácter era firme y decidido y lo escrito no parecía una idea soltada al tun tun para probar qué tal pintaba el boli, sino que revelaba intención y sentimiento. El anterior huésped de ningún modo podía saber que yo sería el siguiente ocupante, así que con toda seguridad no iba dirigido a mi y por supuesto, tampoco referido a mi.

De entrada, debo reconocer que era un mensaje difícil de ubicar, no le veía el sentido ni el alcance, pero con todo, me inquietaba porque tras aquellas palabras se percibía un alma turbada que parecía pedir comprensión o ayuda y un alma turbada siempre debería tener nuestra más honesta atención y en lo posible ayuda. Me senté al borde de la cama y lo leí repetidas veces.

Con frecuencia, en los hoteles, preocupados por no olvidarnos de meter en la maleta los jaboncitos y champús del baño, obsequio de la casa, nos olvidamos de un calcetín (el otro siempre llega a casa), del cepillo de dientes, las bambas que tanto aprecio se les tiene, pero en este caso, sin duda, el olvido era el de un sentimiento.

Por enésima vez releí la nota, incluso un par de veces me la susurré: “Il s’était forgé dans l’indifférence et l’égoïsme, il s’ancra dans la haine et il termina par aspirer à  être aimé et ce qui est pire encore, à pouvoir aimer” (Se había ido forjando en la indiferencia y el egoísmo, se ancló en el odio y acabó suspirando para que le amaran y lo que aun es peor poder amar)

¿Qué demonios había pasado en aquella habitación?, miré las paredes por si era capaz de percibir algún mensaje extra sensorial que me diera algo más de luz. No me llegó nada, me planteé incluso pedir un cambio de habitación porque allí ya empezaba a sentir un cierto yu yu.

Eran palabras de impacto que al menos yo sentía con más trasfondo que fondo. El personaje que se describía, desde luego era un perla por el que, al menos yo, no podría sentir el menor respeto, pero ella me fascinaba cada vez más, porque tenia que ser ella, no podía concebir que la nota fuera escrita por un hombre para otro hombre (mi Ars Amandi es tan convencional…). Me intrigaba cual habría sido el motivo para escribir aquella nota en letra tan firme y doblada tan cuidadosamente, se diría que era con la intención de que no escapara ni una palabra de su interior. Si hubiera estado en Jerusalén, hubiera asegurado que estaba preparada para ser colocada en el Muro de las Lamentaciones.

De todas formas, ¿qué hacia aquel mensaje olvidado en un cajón del hotel?, ¿era el mensaje del naufrago para los siguientes huéspedes? O ¿una denuncia gritada a todo el Universo para vergüenza del tipejo aquel? Un mensaje así ¿se puede dejar descuidadamente en un cajón del hotel? ¿Salió ella precipitadamente de la habitación? ¿Tenia yo derecho a leer aquella nota? o ¿debía dejarla discretamente donde la encontré para que siguiera la cadena de encuentros? ¿Era realmente un mensaje olvidado o era el de una camarera paranoica con ínfulas psico-sociológicas que experimentaba la sensibilidad emotiva de los clientes de la habitación 506? O ya puestos en lo peor, una indetectable trampa rollo Strauss-Kahn.

Demasiadas dudas para un cansado recién llegado a Montreal ajeno a todo, así que era hora de despejar dudas y empezar a tomar decisiones con firmeza: Uno, no me cambiaria de habitación. Dos, quien había escrito aquello era evidentemente mujer. Tres, se llamaría Justine o acaso aun siendo poco quebequense Sandrine, ya veré. Cuatro, tendría entre 35 y 40 años. Cinco, era de pelo castaño claro. Seis, vestía con gusto discreto, no del todo burgués. Ah! y siete, se perfumaba sutilmente. Con esto, ya me veía capaz de empezar a conjeturar.

No podía tratarse de una aventura, ni de un lio; se trataba de una relación de tiempo. Por alguna razón, ella cayó del caballo y vio la luz. Había compartido lo suficiente para saber que Se había ido forjando en la indiferencia y el egoísmo, ¿acaso era o habría sido su secretaria particular? Lo de anclarse en el odio me costaba desentrañar, ¿contra quién?, contra ella no sería, puesto que un tipo así no alargaría una relación personal de odio ni 30 segundos, la habría despachado con un SMS. No, yo diría que se referiría al modo de llevar las relaciones del negocio. También se me ocurre la posibilidad de que indiferencia y egoísmo juntos puedan desembocar en odio, pero tampoco estoy tan seguro.

Por más que Justine/Sandrine ya pareciera mía, no acertaba a encontrar referencias claras para desentrañar todos los significados; de lo que sí estoy seguro es que era una mujer más que engañada, decepcionada, probablemente decepcionada de sí misma por haber entregado y compartido sentimientos con un fulano de aquella calaña.

El hotel no era un resort, sino un hotel de gente de negocios, habrían viajado juntos por una cuestión profesional, ella tomando el papel de esposa y él un tipo con poca decencia y sin escrúpulos, fue capaz de serle infiel allí mismo (no por primera vez) con una de las escorts de la convención.

Interpretar el sentido de y acabó suspirando para que le amaran no me ofreció dudas. En la discusión, el tipo se escudó en que nadie le amaba y cínicamente hizo que ella también estuviera en el paquete de nadies, haciéndola culpable del poco entusiasmo empleado en su Ars Amandi; en su lógica mendaz se veía obligado a buscar el amor fuera. ¡Menudo fachenda! Y encima ni sabia, ni podía amar, “est pire encore, à pouvoir aimer”.

Mentalmente aliado con Justine/Sandrine, furiosamente anclado en el odio hacia aquel tipo, terminé de deshacer la maleta. En la duda de qué hacer con la nota, me senté de nuevo al borde de la cama y una vez más la tomé entre mis dedos. No fue imaginación, era realidad, al desdoblarla me llegó el leve fluir del personal aroma de Justine/Sandrine. Ya no lo dudé un segundo más, a Justine/Sandrine no la dejaría  abandonada en un cajón, vendría conmigo y aquí está.