EL GATO SIN BOTAS

Hoy, agobiados y desconcertados por periódicos y tertulias de tantos sesudos analistas y profesionales de la opinión, ufanados por sus vaticinios catastrofistas, nos quema el fuego de tan dramáticos diagnósticos que por efímeros, nos superan a diario y en mucho nuestra capacidad de defensa. Tenemos también analistas amateurs por  bares y cenas familiares y no digamos ya en las profesionales, sólo quedarían exentas las cenas con los del gimnasio, en las que exclusivamente se habla de tíos o tías, según sea la naturaleza contraria. Visto lo visto, perdido y desarmado para hallar luz y clarividencia, como siempre, recurro a los grandes libros: me valen El Gato con Botas y La Caperucita Roja.

Ambas historias transcritas y adaptadas por Charles Parrault a finales del siglo XVII, son relatos recogidos de la tradición oral alpino-tirolesa. Lo aclaro porque a veces el cine nos lo pinta todo tan propio y real que acabamos creyendo que Tim Burton es Adán y Walt Disney Eva.

A lo mío. El gato fue la única herencia patrimonial que recibió el pobre Benjamín hijo del molinero; como último recurso a su hambre, creyó que su solución estaba en comerse su patrimonio, es decir al gato. Pero hete aquí que el gato salvó su vida gracias a su ingenio y decisión.- No os aflijáis mi señor, dadme un zurrón y un par de botas y veréis como vuestra herencia no es tan pobre como creéis, dijo confortándole.

El gato, ya convertido en el Gato con Botas, cazó un conejo y unas perdices y fue a ofrecerlas al Rey en nombre de un inventado Marqués de Carabás, a la sazón el hijo del Molinero y señor del gato.

Los más jóvenes que no conozcan la historia y quieran conocerla con detalle, en todas la Bibliotecas Públicas. Para seguir con el articulo diré que El Gato con Botas, tras una serie de argucias y ardides, consiguió que el Marqués de Carabás casara con la Princesa y él, convertido en holgazán y rico financiero, solo cazaba ratones (que no elefantes) como distracción.

Dicen que 6,5 millones de menores de 25 años están sin trabajo, dispuestos a comerse su patrimonio, es decir su inteligencia y juventud, a la espera de que alguien les ofrezca algo potable.Es la peor cara de la crisis.

Protesta Universitarios

Esta es la verdadera revolución a realizar. Es una revolución conceptual, pasar del trabajo como medio de remuneración exclusivamente, a la idea del trabajo como medio de creación y realización personal, ahí está la auténtica riqueza: creación y realización personal, cualquier otra cosa es vicio y ruina.
Quienes se pregunten ¿…y cómo se crea? (que los hay), una vez más fijémonos en el gato del que podemos aprender diferenciando  perfectamente entre cuando ve o cuando mira. Aplicado a nosotros, como pauta, cuatro puntos básicos a considerar: mirar, imaginar, creer y hacer.
La tragedia se magnifica más aun, cuando consideramos que en los últimos 25 años, quienes han cambiado el mundo, creado progreso y riqueza de forma espectacular, han sido jóvenes de entre 18 y 25 años. Tener 6,5 millones de afincados al no sé qué hacer, es efectivamente, la peor cara de la crisis: demasiado potencial creativo encallado.

Hay ejemplos brillantes y conocidos, los cuales su afición y fe les ha proyectado a la fama y fortuna antes de los 25 años.

Bill Gates con 18 años ya creó pequeños programas para la Administración Pública y empresas privadas y a los 21 ya había fundado Microsoft. Se casó con la princesa y hoy es el Rey.

Steve Jobs, como todo el mundo sabe a los 21 años, en el garaje de su casa puso los pilares fundacionales de Apple. Se casó varias veces con Princesas y hoy ha conquistado el Cielo.

Marck Zuckerberg a los 19 años crea Facebook y hoy está en todos los papeles y pantallas. Su vida y la de muchos colaboradores está muy bien arreglada, según Forbes, aunque parece que últimamente ha desarreglado a más de una.

Larry Page y Sergey Brin a los 25 crean Google. Anteriormente ya habían creado programas funcionales para empresas privadas.

Drew Houston a los 24 años creó Dropbox. 25 Millones de usuarios comparten archivos de móvil a ordenador y algunas importantes prestaciones más.

Jack Dorsey a los 14 años creó un programa logístico para una compañía de taxis, hoy en día aun funcionando y no superado. Dorsey  tardó un poco más, a los 30 años explotó con Twiter  (atención a los mayores que crean que se les ha pasado el arroz por edad. Éstos también pueden)

Ellos y muchísimos otros desconocidos en otros ámbitos de los negocios, han sido su propio Gato con Botas, pero sin botas ni zurrón, pasaron con unas bambas y un Big Mac a deshora, resolvieron su vida y la de varias familias. En sus orígenes, pocos políticos y financieros se cruzaron en su camino para nutrirles, a éstos les alimentó Mac Donald’s, la ilusión y la confianza en sí mismos.

	

Y es a partir de aquí que abro el libro de Caperucita Roja, por nombre el nuestro, para que nos ilumine en la observancia de las recomendaciones de mamá para que seamos muy cautos ante los peligros que hay en el bosque. Además de algunas setas y frutos venenosos, también hay zarzales y ¡muchos lobos, Caperucita!

Y no olvides Caperucita la hermenéutica de los 6 puntos capitales:

Primero – ¡Qué ojos más grandes tienes!

Segundo – ¡Son para verte mejor!

Tercero –  ¡Qué orejas más grandes tienes!

Cuarto –    ¡Para oírte mejor!

Quinto –    ¡Y qué dientes más grandes tienes!.

Sexto –       ¡Son…para comeeerte mejoooor!

Y es que la vida, a veces,  ¿a qué parece un cuento? ¿A qué sí?.