Viajar solo también tiene sus alicientes, es interesante porque se abre la oportunidad de conocer a desconocidos, casi siempre aprendes algo nuevo, de ti mismo y de quien acabas de conocer, es decir, conocer la vida de manera espontánea y en directo. En este terreno, es curiosa la facilidad con que nos abrimos emocionalmente ante desconocidos en gesto generoso de aproximación al otro, podríamos decir que se genera un flujo natural de buena voluntad para el entendimiento. !Eso sí! a no ser que seas fóbico, borde o las dos cosas a la vez.
Hace poco, en un trayecto de hora y media, compartí viaje con una “Erasmus” alemana de regreso a casa, no se si era definitivamente o de visita. Ya se sabe, los hijos pasan por casa a traer ropa para lavar y a pedir dinero, por lo demás, siempre andan muy ocupados.
Como sucede en estos casos, rompimos el silencio y la distancia con un comentario intrascendente, útil para evaluar el tipo de sintonía posible. La hubo y arrancamos hablando sobre la valiosa experiencia del programa Erasmus. Estuvimos de acuerdo en que se trataba de una magnifica oportunidad para experimentar qué tal es la vida vivida por uno mismo, sin tutela ni explicaciones a casa. En mi época, esta “salida del huevo” la hacíamos obligatoriamente en la mili, 500 tíos juntos, con el único objetivo de ser aprendices de pillerías carcelarias y ser estupidizados en profundidad; los primeros 6 meses eran un intensivo de estupidización y los restantes de pillerías, un año y pico daban para bastante. De aquellos polvos, estos lodos y así nos ha ido: Aznar, Zapatero, Rajoy, 20 años de lumbreras escogidos por nosotros mismos.
Erasmus, sin embargo, pretende todo lo contrario, despertar y avivar el conocimiento a través de la convivencia física y emocional, sumergiéndose en otra cultura, lengua, modos y maneras, cosa que por cierto, las lumbreras españolas, sistemática y deliberadamente han perseguido e impedido que sucediera entre las culturas y lenguas peninsulares, reduciendo la realidad a lo folclórico.
No retuve si la joven “Erasmus” ya era médico reciente o pendiente de algún tramo final, pero tenía la idea de ejercer un par de años en los Andes peruanos y allí hacerse médico de veras. Nuestra conversación derivó hacia el valor de la experiencia, a mi me dio por relativizar este valor distinguiéndolo de la técnica y en cambio, valoré que el profesional adopte siempre un cierto espíritu amateur, curioso y despierto en el convencimiento de que nunca habrá dos casos o cosas idénticas, así que cada circunstancia merece atención propia. Le resumí mi idea diciéndole .- “Ten en cuenta que la experiencia cuando se necesita no se tiene y cuando se tiene, generalmente ya no se necesita”. Ciertamente era una verdad relativa, pero en tiempos de declive como los actuales, ya se sabe, incluso los refranes fallan.
La “Erasmus”, era buena dialogante y llevó la conversación de la experiencia a la edad, me lo tomé como una propuesta de debate y no como una mordaz indirecta. Sagazmente, observé que al mencionar la palabra edad no fijaba su mirada en mi testa poca poblada, hoy con resignación, definitivamente perdida.
Tenia razón cuando dijo que la palabra edad, de una manera u otra, era probablemente de las más usadas por toda la humanidad, el binomio edad/tiempo era la medida universal de todas las cosas y que con frecuencia, socialmente, por la edad hacíamos juicios equívocos. Como futura buena médica, creía en la importancia de mantener durante toda la vida y con rigor la salud, sobre la que en mayor medida, decía y con razón, tenemos su control, en cambio sobre la edad no.
No pude estar más de acuerdo. La edad de las personas, suele ser un arma arrojadiza, si eres niño no tienes edad para…si eres adolescente, quizás eres un poco mayor para…, a media edad, hay que ir con cuidado porque a la primera de cambio, pueden considerarte amortizado en el cargo, eso si no se te ocurre enamorarte de la pimposa secretaria, que entonces pasarás por pervertido, ¿no ves que podría ser tu hija? ¡Zoquete! Con tantos prejuicios sobre la edad, si se consigue llegar a mayor todo se incrementa, una visita al médico en consulta, le dices que ha aparecido un dolor en la rodilla o algo raro pasa en el oído izquierdo, el diagnóstico sale rápido, ¡bueno hombre! a su edad qué quiere, ya se sabe y no digamos si la persona mayor queda ingresada unos días en el hospital. A su edad, se le da trato infantilizado, acompañado de tuteo, eso sí, democráticamente, lo mismo da que seas catedrático que albañil.
A todas las edades, debemos rebelarnos ante los diagnósticos estadísticos, hay que exigir diagnósticos intuitivos y analíticos, un médico sin intuición vale de poco, más vale saludarle y huir. Cuando un médico empieza la visita preguntando la edad, de entrada ya vemos que es poco intuitivo, no hay que decirle nunca la edad verdadera y si insiste hay que engañarle, porque con este dato, ya cree que pierde sentido hacer el esfuerzo de procurar un diagnóstico personalizado.- “la estadística dice que a esta edad pasan cosas así, ergo …es esto. “
La edad, es un factor demasiado potente que condiciona y activa decisivos prejuicios.- “ A nuestra edad, ya no vale la pena…” “Por la edad que tiene, está muy bien conservado el puñetero”, “Es que por la edad que tiene… parece mucho más vieja”, “Tiene 32 años, esto se acaba, habrá que pensar en un nuevo fichaje”.
La fe religiosa, la inclinación sexual y la edad, forman parte de la intima intimidad. Cuando alguien se interesa por nuestra edad, rara vez será para algo bueno, es semejante a cuando recibimos una carta certificada, quien la manda, poco bien nos quiere.
Sea quien sea, a la impertinente pregunta ¿cuántos años tienes? La respuesta ha de ser concisa y educada.- Y a ti ¿qué te importa?, ¡jilipollas! Te exijo una explicación, de lo contrario, mañana al romper el alba, detrás la Catedral.
Ah! por cierto, aunque sea un poco anticipado, no por ello dejará de ser sincero: Feliz Navidad.

Los cuarenta son la edad madura de la juventud; los cincuenta, la juventud de la edad madura. (Victor Hugo)
Aunque te cueste creerlo, hay personas que ¡presumen de edad! y no son unos pimpollos. Eso de tener edad, es casi una vergüenza, ¿verdad? Un buen subterfugio, cuando te preguntan los años, es contestar: los que aparento. Tu te quedas con el culo al aire, pero a ellos los pones en un compromiso y, para fastidiarles más, debes insistir: Dime ¿cuántos años tengo? Claro que igual no te gusta su respuesta. Pero, a ti ¿qué te importa?
Muy buena lectura!!! Sobretodo para el día de mi cumpleaños y cuando hace 10 que volví de mi erasmus!!!!
Gracias Jordi!
Dani
Una pregunta, Samarra: ¿cuántos años tienes? No hombre, no, que es broma…, además la respuesta ya está en el título.
Esto de la edad y los años tiene su miga, porque resulta que una cosa es la edad que tienes, otra la que aparentas y está la que ahora es más novedosa: la “edad biológica”, que es la que determinan los médicos en función de tu estado general de salud. Se trata de hacer unas pruebas analíticas para comprobar el estado de tus órganos vitales y según el mismo, “dictar sentencia”; vamos, que con los resultados, sólo te queda preguntarle al galeno: “Doctor, ¿cuántos años tengo?” y como te diga: “Los tienes todos…”, “ja has begut oli, Samarra”, te ha jodido la vida. Esto de la “edad biológica” es una “collonada”; se diría que más que decirte los años que tienes, te dicen los que te faltan, si es que falta alguno, para espicharla. Mejor no probar por si acaso y que no te amarguen la vida.
Las personas cuyos hijos pasan por casa a dejar la ropa sucia y pedir dinero, digo yo que no serán muy mayores; es un perfil, éste, que se intuye, aunque nunca se sabe…
Tal vez es cierto que hay una horquilla o franja de edad que incomoda al que la “padece”, seguramente porque no se es lo bastante joven para proclamarla de forma altiva y exultante, ni lo bastante viejo para presumir de provecta senectud; la podríamos definir como la edad “bocadillo” o “sandwich”: atrapados por arriba y por abajo y aguantando el tipo como un chaval. La edad del “ajo, agua y resina”.
Eso del “Erasmus” está muy bien. Cualquier oportunidad que permita a la gente joven y no tan joven salir por ahí a darse una vuelta, sumergirse, empaparse y CONOCER, es un ejercicio muy positivo que te permite desintoxicarte de muchos prejuicios y tonterías y ver las cosas con una mayor amplitud de miras; te das cuenta de que se pueden ver, mirar y observar muchas “cosas”, además de tu propio ombligo, pero no quiero extenderme porque acabaré hablando de la “mili”.
Y pensar que fue Aznar quien quitó el servicio militar obligatorio…
Bien mirado, si alguna vez hubiera que enviar el ejército a un territorio díscolo para poner «orden constitucional» allí, en un ejército de profesionales y mercenarios cabe suponer que no habría “objetores de conciencia”, qué bien. Vete tú a saber…
Y ahora en serio, Samarra: ¿cuántos años tienes? Dímelo y mañana al rayar el alba nos encontramos detrás de la catedral donde podrás lavar tu honor. Yo buscaré una cabeza con poco pelo y posiblemente un cuerpo montado en bici; yo iré disfrazado de “caganer” (o sea, con look gilipollas), me reconocerás enseguida…
No sabía qué poner. Quería escribir algo, porque ahora, por circunstancias de la vida tenía el tiempo necesario para tomármelo con calma y darle a la tecla.. Eso que nos pasa a los que no somos escritores que, cuanto mas tiempo tenemos y mas páginas llenamos, menos decimos. ¡Qué difícil es sintetizar! Hasta para hacer una simple pregunta, nos hemos de complicar la vida y hacernos la picha un lío. ¿Me amas? y si la respuesta es sí: ¿Te quieres casar conmigo? y si la respuesta es sí ¿por lo civil o por la iglesia?
Pero, bueno, no iba yo hoy por ahí que ya sé, por tantos años de seguidor fiel de este blog, el talante y las inclinaciones del amigo Samarra y no quiero incomodarle, que con las cosas de comer no se juega.
Tampoco iba por lo de la edad que pregunta indiscretamente Joan Carles y que tanto juego da si pensamos que la mayoría nos vemos a nosotros mismos como niños. Esa debe ser la edad siclógica., que se desencaja echa añicos al primer arrechucho serio e inesperado.
Yo iba, y quería ser sucinto y breve, por lo lo que extrañamente me ha sugerido el comentario de JC: la sensación de que la mayoría de nosotros estamos «atrapados». Atrapados en lo que nos gustaría hacer y no hemos hecho. Atrapados en lo que debería ser. Atrapados en experiencias placenteras o desagradables. Atrapados en inercias del «qué dirán» o de los sueños que se resisten a abandonarnos. ATRAPADOS! Sabemos que tenemos un tiempo limitado y nos gustaría hacer tantas cosas; pero estamos atrapados. La vida nos ha cogido en su trampa de peón de ajedrez.
Igual que el importante y muy honorable referente de mi amigo está atrapado en su delirio.
Yo creo que la mili, servía para liberar a mucha gente de muchas cosas; pero esa es otra historia.
Por cierto ¿De qué iba el blog de este mes?